sueños de amor
– ¡Anda Lucas! ¡Mira! ¡Justo a ti te estaba buscando!
– ¿Por qué llevas mi chaqueta?
– Es que estábamos ensayando en tu clase y me la puse porque hacía frío. – mientras se quita la chaqueta. – Toma, aquí la tienes. Se me olvidó dejarla en su sitio.

Lucas se queda mirándola raro.

– Quédatela, sigue haciendo frío, ya me la das en el recreo si eso.
– Ummm, gracias. – responde ella sorprendida.

(Lucas)
– ¿Te gusta, verdad Lucas? – le pregunta su amigo.
– ¿Es tan obvio? – sonríe él.
– Hombre, está buena. – y se ríe.
– Mira, no la mires en ese sentido porque te parto la cara.
– Tranqui Lucas, las churris de los amigos se respetan. – y se sigue riendo.
– Te estás ganando un hostión en toa’ la boca.
– Vale, vale, hablemos de otra cosa. Tranquilo.

(Ella)
Que raro todo esto, me miraba súper raro. Qué bien que me quedo con su chaqueta, huele tan bien… ¡Ay! No te me enamores que la líamos. Bah, tonterías, ya lo estoy.  Ella entra en la clase y su amiga Vero la mira con la boca abierta.

– ¿Cómo es que sigues con su chaqueta?
– A dicho que me la quede hasta la hora del recreo porque todavía hace frío.
– Tía, ¡que mono!
– Demasiado, jaja.

Pasan las horas y por fin llega el recreo.

– Suerte chica. – grita Vero. – Te espero aquí arriba y me cuentas.

Ella baja muy nerviosa y le ve sentado en su sitio de siempre. Lucas la está mirando, ella baja la cabeza tímida.

– Hola Lucas, gracias. – y le da un abrazo. Él la agarra fuertemente de la cintura acercándola a él y apoya la cabeza en su pecho.
– Hace mucho frío todavía, lo mejor será que te la quedes.
– No, no puede ser. ¡Te me vas a resfriar!
– Tu también te vas a resfriar. – responde él.
– No porque voy a quedarme arriba. – los dos se quedan en silencio mirándose, querían estar juntos pero no sabían que decir. – Si quieres me acompañas.

Lucas se levanta y se va con ella cogiéndola de la cintura con la excusa de darse calor mutuamente.

(Ella)
Joder, estoy en el paraíso, esto no puede ser real…

(Lucas)
Este es mi momento, debo aprovecharlo.

Llegan arriba y Vero los ve antes, así que se va para dejar a la parejita sola. Ellos se sientan en la escalera. Los dos muy juntitos. Lucas cogiéndola de la cintura apretándola contra él, y ella abrazándolo también. Se querían, pero ninguno lo decía, tampoco hacía falta. Ella apoyó su cabeza en su pecho, como una niña pequeña, y absorbió todo su olor. Le encantaba. Lucas empezó a acariciarle el pelo y ella levantó la cabeza y se miraron. Fue la mirada más profunda que tuvieron hasta entonces. Sus caras estaban muy cerca, escasos centímetros separaban sus labios. Ella puso su mano en la cara de él, y entonces se besaron suavemente. Fue solo un roce, pero suficiente para que Lucas sintiera su hombría crecer y ella quisiera fundirse con él. Lucas la miró hambriento, había deseado mucho tiempo que llegara ese momento, lo quería todo, crecer, formar una familia, envejercer, morir, todo pero con ella. Ella había deseado tanto tiempo que alguien la amara que sentía estar flotando en una nube. Lucas la agarró de la cintura levantándola sin ningún problema y la puso sobre él. Ella abrió las piernas para poder estar cómoda encima suyo. Él la apretó fuertemente contra su cuerpo y a ella se le escapó un suspiro. Él sonrió. Se quedó mirándola largo rato, admirando cada detalle de su cara y de su cuerpo, ella se ponía cada vez más nerviosa, pero amaba estar así. Miraba sus ojos marrones tan profundos y sentía que eran uno, ella y él, perfectos, unidos, alma con alma. Lucas no paraba de apretarla fuertemente contra él y de acariciar toda su espalda, lo que hacía que ella estuviera cada vez más y más ansiosa. Nunca nadie la había hecho sentirse así. Ella acercó sus labios a los de él, como si fuera a besarlo, y abrió la boca dejando que su aliento acariciara su rostro. Mientras tanto lo miraba a los ojos.

(Lucas)
Pfff, como me pone esta chica, lo que daría por poder hacerla mía ahora mismo, aquí mismo…

– Te quiero. – le dijo él a ella.

Ella sonrió y le besó por fin. Sus labios se devoraban lentamente, apasionadamente, Lucas la agarró del culo y ella gimió sin poder controlarlo. Él sonrió. Ella pasaba sus manos por todo su pecho, tocando cada centímetro, imaginando como sería su tacto sin esa fina camiseta. Le agarró del pelo, fuertemente, medio tirando de él y le besó con más furia, como si fuera la última vez. Él apretó su culo con más fuerza y pegó su cuerpo al de ella. Ella empezó a moverse encima de él, primero tímidamente y luego, conforme cogía confianza, con más pasión. Restregaba su parte íntima contra su hombría, la sentía tan grande que parecía que iba a romper el pantalón. Lucas la apartó suavemente.

– Para de moverte así porque me estoy volviendo loco.

Ella se río, al principio fue una risa corta, pero de repente empezó a reírse escandalosamente.

– ¿Qué te pasa? – preguntó Lucas riéndose también.
– Nada, que jamás pensé que yo me comportaría así con alguien. Nunca me ha pasado.
– ¿Nunca? ¿En serio? ¿Nunca nadie te ha hecho sentirte así y reaccionar así?
– Nunca, jaja. – respondió ella.
– Pues parece ser que yo he sido el único hombre en tu vida. – dijo Lucas sintiéndose extraño, algo así como más hombre. Le entró un sentimiento posesivo que nunca antes había tenido con nadie, no quería que nadie más la tocara, ella era ahora suya. Sabía que eso sonaba machista, pero era lo que sentía.
– ¿Lucas, te pasa algo? – preguntó ella.
– No nada jaja. ¿Sabes? Tu también eres la primera que me hace sentir así.
– Imposible, seguro has estado así, incluso peor, con otras, no mientas.
– No me refiero a la situación, me refiero a lo que siento. Las demás eran distracciones, tú me has hecho sentir un hombre. Ahora eres mía, de nadie más, te quiero para mí solo y no podría perdonarme jamás el perderte.

Ella le besó, lo que sentía era demasiado grande, jamás lo había sentido, era indescriptible. Ella empezó a moverse de nuevo sobre él a pesar de su contraria.

– ¿Sabes? Ahora mismo te quitaría toda la ropa y te haría mía, bien fuerte, para que cada vez que te movieras recordaras que he estado dentro de tí. Por eso te he dicho que pares, porque no quiero que la primera vez que lo hagamos sea así.
– Mmmm, es tentador, pero no. Osea, ¿quién te ha dicho que lo vamos a hacer? – dijo ella. Lucas miró con cara rara, se sintió… ¿herido? – Soy virgen, no voy a hacerlo con cualquiera.
– ¡Oh! – Lucas sonrió. – Entonces te voy a demostrar día a día que soy el indicado. Lo prometo. – Y la besó.
– Creo que me he corrido, jajaja.

Los dos se rieron a carcajadas. Lucas la abrazó, fuertemente, como siempre. Le gustaba sentirla, tan pequeña, frágil. La apretaba muy fuerte, le sorprendía que ella no se quejara.

De repente sonó el móvil de Lucas. Ella se apartó de encima de él, se sintió vacía, desnuda. Lucas miró quién llamaba. En la pantalla podía leerse perfectamente: Mi Novia. Ella lo leyó y su corazón se partió. Él colgó.

– Puedo explicártelo todo, te lo prometo.
– No tienes que explicar nada, lo entiendo perfectamente. – dijo ella enfadada, con lágrimas en los ojos. Se quitó su chaqueta con furia y se la tiró a la cara. Se fue andando rápido. Lucas corrió detrás de ella y la agarró del brazo.
– Déjame explicártelo, por favor. – dijo con lágrimas en los ojos. – Yo… yo… te quiero.
– ¡Cállate! – ella se deshizo de su brazo con fuerza. Se fue. Desapareció.

Lucas se sentó en el suelo, en el mismo lugar en el que ella se sentó sobre él, en el mismo lugar dónde se besaron, dónde se confesaron lo que tanto tiempo habían guardado. Gilipollas, eres gilipollas, ¿por qué no cortaste con ella antes? ¿Por qué preferías tener folleteo seguro en vez de intentar algo más que eso? ¿Cómo lo soluciono ahora? ¿Qué hago? Los ojos eran vidriosos, lágrimas contenidas. La voz inexistente, cortada por la tristeza. El corazón roto, rechazo. Un odio inmenso, puta entrometida.

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