image

Su canto era la melodía de las sombras.
Sus plumas eran su luz.
Su afilado pico era su lanza.
Su lanza era roja por la sangre.
Sus afiladas garras eran cuchillos,
que cortaban el aire a quien entraba.

Ya sin aire te caías
al frío suelo,
que era la tumba.
Y como una buena madre,
te acunaba entre penumbras.

Luego tu alma salía
del cuerpo ya marchito,
y andaba y andaba
hasta encontrarse al Maldito.
El Maldito movía su larga capa
y te condenaba a escuchar la melodía
eternamente.

Y tú vuelves a la luz
pero los espejos te recuerdan
el Maldito está contigo,
y él jamás se aleja.

Anuncios