gota

Pensé sentada en el frío suelo en cómo había sido mi vida. Desde pequeña había vivido en una tierra mágica, en la que se contaba que habitaban gigantes, hadas, brujas, vampiros y, sobre todo, el Diablo. Los ancianos contaban cómo en medio de los bosques se habían encontrado extrañas lucecitas que los conducían hacia un oscuro precipicio, o huellas gigantes que nadie se atrevía a seguir.

Al principio, todas esas historias de fantasmas y monstruos me asustaban, hasta que empezaron a mí a pasarme cosas.

Todo empezó con los sueños, al principio pensé que era una casualidad que se cumpliesen, pero cada vez era más frecuente. Empecé a investigar y averigüé cosas, todo eso me asustaba hasta que al final comprendí que eso era una parte de mí que me ayudaría mucho en la vida. De tanto investigar aprendí sobre más cosas. Empecé a involucrarme en ese mundo fantástico hasta que para mí dejó de serlo. Aprendí sobre varias cosas “paranormales” y empezó a fascinarme ese mundo oscuro gobernado por Satán. Ahí es cuando descubrí los encantos del Mal.

Un día mi madre descubrió una libreta, la libreta en la que yo apuntaba todo lo que sabía sobre Magia y todo ese mundo. Ella, como todo el mundo, creyó que estaba loca. Se puso de acuerdo con mi padre y me metieron en un psiquiátrico. Mi hermano quiso detenerles, pero claro, nadie le hace caso a un niño. Yo les imploré que no lo hicieran, no paraba de insistir en que no estaba loca, pero eso los animó más a hacerlo. Ahora estoy aquí dentro, entre cuatro paredes. Todos piensan que he enloquecido, y la verdad es que así me gustaría estarlo para no darme cuenta de lo que está pasando. Ahora voy cayendo como una gota de agua a través de la oscuridad.

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